11.2.05

Bésame, sapo

Desdichada y rota de amor, corrió siguendo el riachuelo sin nada que perder ni nada que esperar. Lloraba desconsolada, besando los hierbajos del suelo de amargura. De repente apareció el sapo, atento e inofensivo. Ella levantó los ojos, separó los cabellos estropeados de tristeza y albergó una pequeña esperanza. ¡Sí! ¡El sapo! Era su salvación, su redención. Stuart no la quiso, pero ahora ella elegiría; eligiría al sapo maloliente y su amor duraría para siempre. Un beso y el más perfecto de los príncipes azules se convertiría en su esclavo eterno.

Lo acarició con tacto, anticipando lo que sería una abundante noche de bodas... Lo miró a los ojos y surgió efecto el hechizo sin que mediara beso alguno. Los ojos de ella se desvanecieron y quedaron fijados irremisiblemente a los brillantes chispidos del hipnosapo, que acababa de solucionar su vida.


Algunos lo llaman amor.